CUATRO INDICADORES QUE DEBES MEDIR PARA PREDECIR EL ÉXITO DE TU COMERCIO
Muchos comerciantes realizan acciones de marketing, pero
pocos se detienen a medir si realmente están funcionando. Sin embargo, existen
algunos indicadores muy sencillos que permiten saber si estamos ganando
visibilidad, atrayendo nuevos clientes, diferenciándonos de la competencia y
generando más ventas.
Lo interesante es que no hace falta disponer de grandes presupuestos ni de conocimientos avanzados de marketing para analizarlos. Basta con observar y tomar nota de determinados aspectos que nos darán pistas muy valiosas sobre qué estamos haciendo bien, qué deberíamos mejorar y dónde conviene concentrar nuestros esfuerzos para obtener mejores resultados.
PRIMER PARÁMETRO
Tiene mucho que ver con los canales de comunicación que
utilizamos para lanzar mensajes al mercado.
Ser la primera opción de compra en la mente de nuestros
clientes depende, en buena medida, de la cantidad de impactos positivos que
hayan recibido sobre nuestro negocio. Si esos impactos son suficientes y de
calidad, cuando el cliente piense en qué establecimiento visitar para realizar
una compra, tendremos muchas más posibilidades de aparecer en su mente como
primera opción.
Por eso hay que tener en cuenta cuántos canales de
comunicación estamos utilizando y también la calidad de los mensajes que
enviamos.
En realidad, el contenido del mensaje debería apoyarse en
aquello que más valoran los clientes que ya nos compran. Dicho de otra manera:
deberíamos comunicar, sobre todo, el principal motivo por el que nuestros
clientes nos eligen. Encontrarlo puede ser tan sencillo como realizar un
pequeño cuestionario anónimo para que nuestros clientes puntúen una serie de
aspectos y podamos detectar cuál de todos es más importante para ellos. Ese
debería ser el principal eje de comunicación de nuestros mensajes, porque es la
razón principal por la que nos compran.
Volviendo a los canales por los que enviamos impactos
positivos al mercado, podemos decir que, si solo utilizamos un par de ellos,
nuestra comunicación probablemente será insuficiente. Utilizar cuatro canales
puede ser aceptable; seis ya supone una buena cobertura de comunicación, y ocho
pasaría a ser un nivel excelente.
En el terreno online, hoy sería difícil justificar no
utilizar redes sociales, porque no cuestan dinero y pueden llegar a una parte
importante de nuestros clientes potenciales. Pero también conviene revisar
nuestro perfil en Google Maps, asegurarnos de que las imágenes y la información
están optimizadas, y gestionar adecuadamente las reseñas. Además, podemos tener
presencia en plataformas del sector o de comercio local, siempre con un perfil
cuidado, fotografías atractivas y textos bien trabajados.
En el terreno offline podemos utilizar cartelería
exterior, folletos, cupones con promociones para dejar en otros comercios,
repartir en mano o buzonear; participar como expertos en programas de radio o
televisión local; tener activo un blog donde dar consejos o hablar sobre
nuestros productos; participar o patrocinar eventos locales; acudir a ferias
sectoriales o de comercio; implicarnos en eventos de dinamización de la
asociación de comerciantes del barrio; o utilizar aplicaciones de mensajería
para comunicar promociones, ofertas o, simplemente, felicitar el cumpleaños de
nuestros clientes.
SEGUNDO PARÁMETRO
Muy relacionado con el apartado anterior, este segundo
parámetro plantea la utilidad de medir por cuál de esos canales estamos
generando una mayor respuesta en los clientes.
Si somos capaces de saber cuál es el principal canal por
el que nos conocen los clientes que acuden a nuestro negocio, habremos
encontrado una información muy valiosa. Nos permitirá saber qué canal resulta
más rentable y dónde merece la pena concentrar más esfuerzo para captar
clientes.
En muchos casos, cuando se analiza la rentabilidad de la
inversión publicitaria en empresas de distintos sectores, se observa que el
coste de captar un nuevo cliente puede variar muchísimo de un canal a otro.
Esto depende de muchos factores, pero la realidad es que, si un canal funciona
mejor, conviene prestarle más atención.
Solo hay una manera de detectar y cuantificar este punto
con cierta seguridad: preguntar directamente a cada nuevo cliente que nos
visite, e incluso a quienes ya son clientes. Después, cuando tengamos un número
suficiente de respuestas, podremos hacer un análisis con más criterio.
TERCER PARÁMETRO
Un aspecto muy interesante que conviene testar está
relacionado con el uso de elementos diferenciadores del comercio. Es decir,
aquellas características singulares y propias de nuestro establecimiento, de
los productos que vendemos o de las personas que atienden, y que hacen que nos
diferenciemos de la competencia.
Junto a esos elementos diferenciadores también hay que
tener en cuenta los mensajes emocionales que enviamos a los clientes, a los
clientes potenciales y a los transeúntes o vecinos. Estos mensajes son los
encargados de generar un vínculo emocional, de empatía y de identificación
entre el comercio, los productos que se comercializan y las personas que
atienden en el establecimiento.
Muchas decisiones de compra tienen un componente
emocional importante. Por eso, es más probable que el cliente nos elija si
somos capaces de conectar con él también en ese plano. A nivel racional, la
conexión con el cliente debe producirse expresando aquello que nos hace
diferentes al resto de una forma clara, objetiva y creíble.
El aspecto que debemos tener en cuenta aquí, aparte de la
calidad del factor diferenciador o emocional, es si ambos se transmiten en los
tres momentos clave de la visita del cliente al comercio.
En primer lugar, deben percibirse de manera evidente en
el exterior del establecimiento. Esto puede marcar la diferencia entre que un
cliente decida entrar en nuestra tienda o pase de largo. Si percibe que somos
diferentes o encuentra en nuestro negocio valores con los que se identifica,
tendremos más posibilidades de captar su atención que otros comercios con
mensajes impersonales o genéricos. Y, si queremos hacerlo todavía mejor, esos
mensajes deberían encajar con el perfil de nuestro cliente ideal. Para ello
sería necesario reflexionar sobre a quién queremos atraer y, al menos, trabajar
un pequeño mapa de empatía. Pero este tema daría para otro artículo.
El segundo momento en el que el cliente debe percibir
estos mensajes es dentro del establecimiento. Tanto en el exterior como en el
interior, esos impactos pueden transmitirse mediante frases, lemas, cartelería,
imágenes, elementos decorativos o cualquier otro recurso bien ubicado.
Y, por último, estos mensajes también deben ser
transmitidos por la persona que atiende durante la entrevista comercial. De
hecho, uno de los propósitos que debería marcarse cualquier persona que trate
directamente con clientes es que nadie salga de su comercio sin tener claro qué
diferencia al establecimiento, a sus productos o a las personas que trabajan en
él. Y, si además se ha generado algún tipo de vínculo emocional, mucho mejor.
La gran ventaja de este último punto es que la persona
que atiende puede interactuar con el cliente y obtener información muy valiosa.
Esa información permite adaptar el mensaje según su perfil, sus necesidades y
sus motivaciones de compra. Bien utilizada, es una herramienta muy potente para
conseguir fidelización.
CUARTO PARÁMETRO
Es muy importante ser consciente del tipo de venta que
practican las personas que atienden al cliente. Nos referimos al grado de
evolución del método de venta empleado. Este aspecto resulta esencial para
incrementar el ticket medio de venta y también para mejorar el nivel de
fidelización que somos capaces de generar.
La
forma más básica de venta sería la venta pasiva, o lo que tradicionalmente se
ha llamado “despachar”. Si damos un pequeño paso más, encontramos la venta por
ofrecimiento. Bien realizada, puede ayudar a incrementar las ventas y mejorar
la satisfacción del cliente. Ahora bien, si nos pasamos de intensidad, ese
ofrecimiento puede convertirse en venta por presión, un enfoque poco
recomendable y que solo funciona en sectores muy concretos, normalmente con
permanencia o con muy poca repetición de compra.
Si
elevamos el nivel, llegaríamos a una venta basada en la satisfacción de
necesidades. Este enfoque ya resulta positivo para ambas partes, aunque por sí
solo no siempre diferencia claramente la atención prestada en un comercio
frente a otro.
Podemos
avanzar más hasta una venta basada en las motivaciones de compra. Aquí es donde
la venta empieza a convertirse en una atención comercial de alta calidad, capaz
de generar experiencias más memorables y con mayor capacidad de fidelización.
Por
encima de este nivel, hablaríamos de una venta que, además de todo lo anterior,
incorpora la conexión emocional con el cliente, buscada de manera consciente y
adapta la atención a su forma de decidir, percibir y comportarse. Es decir, no
solo se vende mejor: se entiende mejor a cada persona a través de la detección
de sus canales perceptivos o patrones de comportamiento basados en
morfopsicología, etc.

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